Archive for the 'De qué no hablar' Category

¿Somos terroristas?

Mientras que unos países censuran internet, otros se limitan a desarrollar tecnología que al fin y al cabo nos vigila (pero dicen que no, ahora depende de nosotros – y si somos paranoicos o no). El debate del autómata, publicidad contextual y perfiles de personas… Igualito que con la publicidad en Gmail. Que según se vea, también tiene su lado malo, como relata (ficción, claro) Cory Doctorow en ‘Engoogleados’. Merece la pena leerlo aunque sólo sea para pensar un poco sobre lo que trata y la pérdida de privacidad en Internet. Que –parece ser– es lo que internet arruinó (entre otras cosas, claro).

Y ahora, la gente de ThePirateBay ha sacado una VPN que simplemente no guarda registros (parece ser que las demás ‘anónimas’ los guardan pero no los entregan bajo ningún concepto, ¿será cierto?). Auque lo más preocupante –creo– es que lleguemos a este punto en el que se van restringiendo las libertades individuales y las VPN son una opción a considerar para ‘mantenernos seguros’ (bromas de condones a parte, por favor).

Nos vinieron con la ley contra el P2P (intercambio de datos). Por suerte, la rechazó el Parlamento Europeo. Menos mal. Aunque internet sigue teniendo enemigos, ahora se va dividiendo en dos partes. Los que censuran y los que no. Al fin y al cabo España no está nada mal, casi no existe censura. Bueno, sólo un poco y de jueces torpes, muy torpes.

A ver cuanto tardan en darnos en las narices a nosotros también. Miedo me da…

Llenar internet de mierda

El título del post vale más que el contenido (mis honores al maestro). De cualquier forma, venía hablar –otra vez– de programación. Pataleta, ojo.

Y es que es endemoniadamente difícil programar para el iPhone, incluso lo más básico. Vale, es cierto que soy un cafre y me he quedado en crear un elemento navegador de lo más cutre (que de hecho funciona la mitad de las veces y no sé por qué). Y que ni siquiera he podido hacer un programa que comunique con el GPS del teléfono. Entiendo que crear los ‘entornos’ y diferentes vistas está chupado pero el código es otro mundo, pero da igual.

Yo es que soy muy viejo para estas cosas. Buscar (e importar!) el framework CoreLocation desde el gestor de proyectos de Xcode, crear un montón de handlers, vistas o controladores no es lo mio. Y leer la documentación tampoco.

Pero en fin, a lo que venía: la pataleta. Es increíble la cantidad de chorradas que te puedes encontrar por el AppStore o en Cydia (en los repos de este último programa hay montones de basura, aunque muchísimas cosas interesantes también). Pensar que alguien se pasó horas programando para hacer un maravilloso programa que no hace absolutamente nada. Y lo puso en un repo, llenando internet de mierda. An hero.

Llenar internet de mierda es algo así como vengarse del reciclado del siglo 21. Inexistente por momentos (cuidado, avalancha).

En fin, que me voy a mi esquina.

¿Entonces quién mandaba?

Facebook mola. Bueno, eso no, simplemente se usa mucho. Ya sacaron su nuevo rediseño ‘en grande’ (y creo que simplificaron muchas cosas, pero cometieron el error de ‘aglutinar complicaciones’ en algunas partes de la aplicación convirtiéndola en un suplicio para el usuario final). También intentaron comprar Twitter por unos 500… millones de dólares. Casi nada.

En aquel momento se rifaban las inversiones en Facebook (incluso Microsoft invirtió en la empresa). Se valoraba en unos 15 mil millones (que tampoco es una cifra despreciable de dinero, ya podían darme una parte) y los directivos tenían ego para dar, tomar, regalar y guardar (para ahora mismo, supongo).

Bueno, en cuanto al culebrón de Twitter, como mucha gente ya sabe se quedó en la nada (por lo visto no todo es el dinero). Y por eso, Facebook decide ahora rediseñar su portada para usuarios haciendo que se parezca un poco más a Twitter, aunque con ‘el toque egocéntrico’ que siempre otorga la maravillosa red social. Ya no hay límite de amigos (venga, mañana fiesta en casa y están invitados mis 41.514 amigos del alma), puedes decir qué cosas “se te pasan por la cabeza” en ‘tiempo real’ (esto es que te enteras al momento de las actualizaciones de tus amigos, y yo que pensaba que antes ya era así), y compartir enlaces y demás contenidos con mayor facilidad.

En otras palabras, convertir la portada en un egómetro en tiempo real. Te puedes encontrar con las fotos del verano de tu compañera de clase –la fea– del año pasado, la fiesta entrepreneur de ese tipo tan guay al que le gusta hacer de deejay o, por qué no, a algún naturalmente pervertido que te cuenta –tal cual– qué se le está pasando por la cabeza (¿qué cabeza?) ahora mismo. Ah, también puedes filtrar y ver sólo las perversiones de tus compañeros del colegio. O de la Universidad.

Las opiniones sobre este cambio (fusilada de concepto descarada y mal hecha intentando imitar a Twitter) son bastante variadas. Por lo visto yo no soy el único que (sorprendentemente) tiene otras cosas que hacer a parte de estar atento al lifestream de Facebook. De todas formas, ni a los empleados les gusta el diseño. A Zuckerberg le importa un pepino lo que digan, yo ya estoy cansado (venga, que les queda poco para descubrir la no-competencia con las redes sociales locales), y a los usuarios habituales de Facebook les molesta (o más bien, no les gusta nada): tanto cambio cansa y no es para menos si se trata de malgastar ego.

Existir y ser de carne y circuitos

Es obvio. Lo que era Internet hace 10, 15, o incluso 20 años, no tiene absolutamente nada que ver con lo que es hoy. Una red de comunicación diseñada con fines científicos se ha convertido en un gran contenedor de relaciones entre personales reales, completamente ajenas a la definición de Internet pese a tratarse de grandes consumidores del contenido presente en “la telaraña” como a algunos les gusta llamar este lugar, que a ojos de otros sólo se trata (poéticamente hablando) de muchos ceros y muchos unos.

Internet es un lugar para despotricar sobre películas y compatir pornografía. Esto lo dicen “Jay” y “Silent Bob”. ¿Cómico? Por qué no. Aunque no deja de ser una caricatura sobre el desarrollo ‘a futuro’ de Internet y por ende “su propia decadencia”.

Pero lo cierto es que Internet no tiene forma, o yo no la veo y soy un cegato. Tampoco se trata de una nebulosa, aunque el concepto de “nube” no es tan descabellado: estamos explotados (y si no nosotros, nuestra propia identidad más real que virtualmente reflejada) por los cuatro lados del mundo y la liamos parda cuando algo se viene abajo.

Y mientras unos discuten sobre la propia identidad, y de la propia persona –real– que busca discernir entre él y su autómata, otros saborean la guinda del postre de esta cargada discusión, adelantándose a una generación que por lo visto jamás pasará el test de Turing.

Ca-Captcha

Cómo hacer un Captcha y que te salga una mierda tal cual: RapidShare. Pero hablemos de humanos y más exactamente de personas: algunas no saben contar. Y eso hace que nuestras propias conclusiones nos terminen asustando. Pero nos terminamos aclarando, aunque sea erróneamente: no podemos usar captchas por que nunca serán completamente fiables, no podemos contarnos según cookies ni tampoco por IPs, ni siquiera por ordenadores. Al fin y al cabo, no somos personas. Aren’t we?

Y hablando de medir, hay que ir con mucho cuidado. No vaya a ser que el ego se nos vuelva más salvaje de lo que debería y pase que un diario nacional que se la mide con el New York Times.

Ahora me voy a mi esquina, a reflexionar sobre lo que hemos hecho.

Mejorando lo mejorable

- Mejorando aquícerca (aquicerca.mobi), presentado por aquí

Por una parte, ‘detalles’: el CSS y el JavaScript ahora están comprimidos, asi que se debería notar cierta mejoría, sobre todo al usarlo con GPRS/3G, aunque –pese a todo– las librerías de Google Maps son muy pesadas (necesarias aunque sólo use una ínfima parte –el geocoder–). La salida de AJAX, por cierto, está comprimida por GZIP y pasa por un buffer, así que se queda menos ‘pillado’ cuando se busca un lugar. Y ya no es necesario hacer scroll para ocultar la barra de direcciones, puesto que se oculta automágicamente cuando no es necesaria.

Y en cuanto a lo importante: al ver los resultados, hay un icono de teléfono delante del nombre del lugar y un icono de mapa delante de la calle. Si es posible mostrar un mapa, la calle se vuelve ‘clicable’ y el icono de mapa está a todo color. Si está disponible el número de teléfono del lugar, se puede pinchar encima del nombre y el iPhone preguntará si se desea llamar. Sin embargo, cuando no es posible llamar o ver el mapa, los iconos se transparentan (y no hay enlace).

Luego, la otra novedad, y la más gorda: mapas, mapas, mapas. Aunque tampoco es un misterio… Al pinchar encima de la calle se muestra un callejero de Google Maps adaptado para móviles. Está preparado para ocupar toda la pantalla –ocultando la barra de direcciones– y cambia de orientación al girar el teléfono. Y tiene una imagen de carga muy clásica (plan AJAX). Luego, lo obvio: dos globitos. Uno rojo que indica la posición del usuario y uno verde que indica la posición del lugar seleccionado. Y para cerrar, basta con tocar el mapa.