Facebook mola. Bueno, eso no, simplemente se usa mucho. Ya sacaron su nuevo rediseño ‘en grande’ (y creo que simplificaron muchas cosas, pero cometieron el error de ‘aglutinar complicaciones’ en algunas partes de la aplicación convirtiéndola en un suplicio para el usuario final). También intentaron comprar Twitter por unos 500… millones de dólares. Casi nada.
En aquel momento se rifaban las inversiones en Facebook (incluso Microsoft invirtió en la empresa). Se valoraba en unos 15 mil millones (que tampoco es una cifra despreciable de dinero, ya podían darme una parte) y los directivos tenían ego para dar, tomar, regalar y guardar (para ahora mismo, supongo).
Bueno, en cuanto al culebrón de Twitter, como mucha gente ya sabe se quedó en la nada (por lo visto no todo es el dinero). Y por eso, Facebook decide ahora rediseñar su portada para usuarios haciendo que se parezca un poco más a Twitter, aunque con ‘el toque egocéntrico’ que siempre otorga la maravillosa red social. Ya no hay límite de amigos (venga, mañana fiesta en casa y están invitados mis 41.514 amigos del alma), puedes decir qué cosas “se te pasan por la cabeza” en ‘tiempo real’ (esto es que te enteras al momento de las actualizaciones de tus amigos, y yo que pensaba que antes ya era así), y compartir enlaces y demás contenidos con mayor facilidad.
En otras palabras, convertir la portada en un egómetro en tiempo real. Te puedes encontrar con las fotos del verano de tu compañera de clase –la fea– del año pasado, la fiesta entrepreneur de ese tipo tan guay al que le gusta hacer de deejay o, por qué no, a algún naturalmente pervertido que te cuenta –tal cual– qué se le está pasando por la cabeza (¿qué cabeza?) ahora mismo. Ah, también puedes filtrar y ver sólo las perversiones de tus compañeros del colegio. O de la Universidad.
Las opiniones sobre este cambio (fusilada de concepto descarada y mal hecha intentando imitar a Twitter) son bastante variadas. Por lo visto yo no soy el único que (sorprendentemente) tiene otras cosas que hacer a parte de estar atento al lifestream de Facebook. De todas formas, ni a los empleados les gusta el diseño. A Zuckerberg le importa un pepino lo que digan, yo ya estoy cansado (venga, que les queda poco para descubrir la no-competencia con las redes sociales locales), y a los usuarios habituales de Facebook les molesta (o más bien, no les gusta nada): tanto cambio cansa y no es para menos si se trata de malgastar ego.
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